2.8.17

Aprender a nadar seguros

Al agua baby!!!


Cinturones, manguitos, flotadores … ¿Cuál es más seguro para aprender a nadar? En verano pasamos muchas horas en la piscina y en la playa. Y como cada año, una de nuestras mayores preocupaciones es la seguridad de nuestros peques en el agua.


De las tardes en casa o en el parque pasamos a los días en la piscina o en la playa. Aún queda mucho verano por delante … y empieza el calvario. Me encanta que mi peque se mueva como pez en el agua pero, al mismo tiempo, tengo un nudo en el estómago. ¿Será demasiado pequeño? ¿Qué sistema de flotación es más seguro en cada momento?
Está más que demostrado que el contacto directo con el agua contribuye al enriquecimiento sensorial de los peques y es una experiencia estimulante, creativa y placentera desde los primeros meses de vida, además de que favorece su desarrollo motriz y afectivo. Así que es hora de perder el miedo, pero es de máxima importancia poner las precauciones necesarias en cada momento y dejar que los niños disfruten cogiendo confianza y descubriendo nuevas habilidades que les den sensación de libertad y responsabilidad.
Existen determinados productos auxiliares que nos pueden ayudar en esta tarea de que nuestros peques aprendan a nadar, pero debes tener cuidado de no caer en lo que los expertos han dado en llamar “el efecto tranquilidad” y descuidar las precauciones en el agua creyendo que tus hijos están seguros solo por llevar un flotador. Así que lo mejor es dejar que los niños disfruten jugando y aprendiendo en el agua, a la vez que mantenemos la atención y precauciones necesarias para que el baño se convierta en un momento de felicidad para ellos.


Material de apoyo para aprender a nadar 


A continuación, hacemos un recorrido por los materiales de apoyo más recomendables, vía serpadres:

1. Bañadores de neopreno con flotadores. Es una de las opciones más recomendadas por los profesores de natación. Apto para bebés a partir de los seis meses.

2. Flotadores alrededor del cuerpo con braguita para bebés a partir de ocho meses en adelante. Para su utilización es necesario que el bebé ya sujete la cabeza por sí solo. Facilita el baño a partir de los primeros meses y permite el contacto visual y la diversión.

3. Cinturón de tablas.  Se trata de un cinturón con tablitas pequeñas. Su mayor ventaja es que se puede personalizar en función de las habilidades del niño, podemos poner o quitar algunas tablitas. Hace que el niño flote y le permite libertad de movimientos. Para niños a partir de los cuatro años.

4. Churro o cilindro. Se trata de un cilindro de poliestireno que permite la libertad de juegos y movimientos. Su flexibilidad favorece la creatividad de juegos en el agua y el niño gana en sensación de seguridad.

5. Manguitos de poliestireno. No se pinchan y son muy útiles porque al llevar varios discos se pueden ir quitando en función del nivel del nadador. A partir de los tres años.

6. Tablas en el bañador. Recomendable en el caso de niños que ya sepan flotar casi sin ayuda.

7. Tabla de corcho. Ideal para ejercitar las piernas ya que la parte superior del cuerpo se mantiene por encima del agua.


Poco recomendables según los expertos


1. El clásico flotador de plástico. Al contrario de lo que en ocasiones podemos pensar, el flotador debe utilizarse solo en el caso de niños que ya saben nadar. No ofrece demasiada seguridad ya que pueden volcarse y llevar a algunas situaciones de peligro, por lo que si decides que tu hijo utilice un flotador, deberás estar siempre pendiente del pequeño. Otro de sus inconvenientes es que a menudo es difícil dar con el tamaño adecuado y limita la movilidad en la parte superior del cuerpo. De hecho, actualmente se utiliza más como elemento de relajación y juego que de sujeción. Incluso los flotadores con sujeción central han sido eliminados del proceso de aprendizaje por los profesores de natación.


2. Manguitos de plástico. Algunos son partidarios de su utilización para niños mayores de tres años, sin embargo este material de natación tampoco está exento de polémica por el riesgo de pinchazos o la posibilidad de resbalar y que se salga del brazo, además de que resta agilidad de movimiento. Por estas razones han sido muy cuestionarios como sistemas de seguridad acuática.

3. La burbuja. Al tener su único punto de flotación en la espalda, el peso del niño no está compensado y no permite el equilibrio adecuado.

Perder el miedo al agua


Según los expertos, es a partir de los tres años cuando los niños son capaces de ser autónomos en el agua. Poco a poco van entendiendo el concepto de equilibrio y aprenden a respirar y a adquirir los movimientos necesarios para desarrollar una actividad como la natación.
A continuación, enumeramos algunas pautas para acabar con el miedo y hacer entender a tu peque que el agua es un medio en el que poder disfrutar:
1. El contacto con el agua debe ser de forma progresiva y paulatina para que puedan adaptarse poco a poco.
2. Es importante que en el primer baño vaya cogiendo confianza.  Sujétalo siempre por debajo de las axilas para que, poco a poco, vaya soltando brazos y piernas. Es necesario que el peque sienta que tú tienes el control de su cuerpo en las primeras tomas de contacto con el agua y que se sienta completamente seguro ante cualquier susto o imprevisto.
3. Hacer que el momento del baño sea un juego para que el niño pierda el miedo y lo perciba como algo divertido. Es recomendable que vea cómo otros niños juegan en el agua, enseñarle el material que le ayudará a flotar o lanzar juguetes al agua para que vea que no se hunden.
4. Se recomienda que los niños realicen actividades relacionadas con la natación y el agua de forma regular ya que en ocasiones, si llevan demasiado tiempo sin volver a la piscina, pierden práctica. Una buena forma de que esto no suceda es apuntar al niño a clases de natación para que pueda practicar de forma regular.
El tiempo que un niño tarda en aprender a nadar dependerá de cada caso pero, por lo general, en dos meses ya puede aprender a manejarse con material de apoyo y en poco más de un año podrá llegar a ser autónomo en el agua. Y recuerda que, aunque eso suceda, es importante que el niño permanezca siempre en compañía de un adulto en la piscina o en la playa.



Y ahora sí. ¡Al agua patos!

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